La Confesión de Sirena
Varios mensajes y una llamada antes de encontrarse finalmente.
Sentados uno frente al otro, él la miraba inquisitivamente, ella desviaba la mirada. Miradas de soslayo, miradas al vacío, miradas esquivas. Manos inquietas, palabras vacías. Conversaciones a medias. Ella más de una vez buscaba su mirada; intuía que su acompañante quería huir de allí -y se preguntaba para si ¿es por mí? ¿que le sucede?- compartieron par de tragos; hasta que él puso fin a ese encuentro absurdo. Compartieron el vehículo, medias palabras, medias preguntas. Medias respuestas.
Antes de descender del vehículo, ella lo miró y le dijo 'besame' y se le acercó lentamente y rozó sus labios, los lamió, mordisquió. El le respondió el beso, le tomó la mejilla derecha mientras lo hacía. El buscó su cuello, buscó sus pechos, rosando sus labios en unos de ellos. Sus hábiles manos buscaron su humedad, sus dedos se llenaron de sus jugos. En frenético movimiento sus dedos entraban y salían de su chorreante cavidad. El le pregunto quieres irte de aquí ella le respondió ' si voy á estar sola donde vayamos, prefiero que no' -ella se refería al silencio ensordecedor de él - ella le besó la frente antes de despedirse. El le dijo, los amigos besan en la frente. Desde ese día el nunca más la buscó, nunca más le escribió.
Ella entendió en realidad el porque de la actitud de él. Se sintió lastimada, se sintió barata, solo faltaron los billetes para que la humillación fuese mayor. Eso la hizo sentirse la mujer más despreciable, le bajó un poco la autoestima. Le hirió en el corazón. Ella molesta consigo misma, se reprendió en silencio, en sus pensamientos, con sus lágrimas ocultas, con el desánimo que quiso embargarla. La tristeza quiso hundirla y destruirla.
Ella había sufrido antes en sus relaciones de vida, no dejaría que un maltrato pasajero hiciera mella, en ese corazón que tanto remendó.
Ahora los separa doble distancia, la distancia del silencio y los 3744 km entre su ciudad y la de él.
Yvett@
Sentados uno frente al otro, él la miraba inquisitivamente, ella desviaba la mirada. Miradas de soslayo, miradas al vacío, miradas esquivas. Manos inquietas, palabras vacías. Conversaciones a medias. Ella más de una vez buscaba su mirada; intuía que su acompañante quería huir de allí -y se preguntaba para si ¿es por mí? ¿que le sucede?- compartieron par de tragos; hasta que él puso fin a ese encuentro absurdo. Compartieron el vehículo, medias palabras, medias preguntas. Medias respuestas.
Antes de descender del vehículo, ella lo miró y le dijo 'besame' y se le acercó lentamente y rozó sus labios, los lamió, mordisquió. El le respondió el beso, le tomó la mejilla derecha mientras lo hacía. El buscó su cuello, buscó sus pechos, rosando sus labios en unos de ellos. Sus hábiles manos buscaron su humedad, sus dedos se llenaron de sus jugos. En frenético movimiento sus dedos entraban y salían de su chorreante cavidad. El le pregunto quieres irte de aquí ella le respondió ' si voy á estar sola donde vayamos, prefiero que no' -ella se refería al silencio ensordecedor de él - ella le besó la frente antes de despedirse. El le dijo, los amigos besan en la frente. Desde ese día el nunca más la buscó, nunca más le escribió.
Ella entendió en realidad el porque de la actitud de él. Se sintió lastimada, se sintió barata, solo faltaron los billetes para que la humillación fuese mayor. Eso la hizo sentirse la mujer más despreciable, le bajó un poco la autoestima. Le hirió en el corazón. Ella molesta consigo misma, se reprendió en silencio, en sus pensamientos, con sus lágrimas ocultas, con el desánimo que quiso embargarla. La tristeza quiso hundirla y destruirla.
Ella había sufrido antes en sus relaciones de vida, no dejaría que un maltrato pasajero hiciera mella, en ese corazón que tanto remendó.
Ahora los separa doble distancia, la distancia del silencio y los 3744 km entre su ciudad y la de él.
Yvett@
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