De amigos falsos y viejos encuentros

Los personajes de una novela, una película o de un libro no se diferencian en nada de los amigos corpóreos, reales, que hablan y se desenvuelven libremente sin tener que inventarlos. Empiezan siendo unos desconocidos a los que uno observa discretamente, con  retraimiento y la natural timidez  de los primeros encuentros. Redactaré en primera persona. Aún no conozco sus gustos ni su pasado ni sus fracasos ni sus tormentos ni si son de fiar o unos bobos; no sé si me quieren o están conmigo por conveniencia. Al inicio, como en el caso de los personajes de una novela, no conozco en detalle ni tan siquiera su físico, como amantes telemáticos que responden vaguedades sobre su estatura, sus medidas o su belleza. El placer de imaginar cómo serán es idéntico al del amante virtual: recreo sus cuerpos y sus rostros a mi conveniencia y gustos.
Conforme pasan los meses, al igual que en la vida real, intento mantenerme alejada del juicio y la admonición. Tan solo los observo y escucho intentando adivinar si están mintiéndome conscientemente o se autoengañan o ninguna de las dos cosas. Y conforme voy haciéndome una idea, empiezan a caerme bien o a irritarme o ni lo uno ni lo otro. Algunos autores dicen que todos sus personajes tienen algo de ellos mismos, ja ja. En mi caso no es verdad. El error está en el uso del posesivo: sus personajes. No son mis personajes. Ellos me eligieron a mí y yo no puedo hacer nada por librarme de ellos. Me hablan y me utilizan, me llevan de un sitio a otro, intentan seducirme y manipularme, y aunque con el paso de los meses me voy dando cuenta no puedo hacer nada por evadirme. Y termino pensando de amigos falsos y viejos encuentros. 

Yvett@

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