Petricor

De mis añoranzas. Todas ellas me transportan a  mi adolescencia.  A la familia, al hogar, a  los juegos y ocurrencias. Van apoderándose de mi impidiéndome de pensar con claridad, solo quiero soñar y recordar sin parar.

El olor que me recuerda el ayer -el de los días de mocedad-  es el de la lluvia. La lluvia que caía sobre ese techo de zin, como bombardeo de granizo, tan fuerte y ensordecedor. El olor que manaba de la lluvia al caer sobre el techo caliente, chirreando por los canales simulando  copiosas cascadas. Se escurría como riachuelos, hasta tocar la tierra, que nostalgia produce recordar ese olor a tierra mojada. El olor de la lluvia en los árboles.  La brisa fría y húmeda.
Benditos recuerdos, mis mejores recuerdos. Recuerdos libres de desenfados.

Ahora escucho la lluvia caer, y ya no suena igual para mí.
Como nada me impide soñar, cierro los ojos y comienzo a transportarme a esos años 80, donde mi corazón  da un vuelco, se me nublan los ojos y simplemente sonrío. Un día descubrí, que ese olor particular a tierra mojada, y que me transporta en el tiempo, se llama Petricor.
Por momentos puedo cerrar los ojos, regresar a  esos días,  evocar mis recuerdos del olor a tierra mojada y concluyo,  los olores son los culpables de mis recuerdos.


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